Introducción: 

El Decreto N° 12.725, de 18 de noviembre de 2025, que aprueba la Política de Defensa Nacional (PND), la Estrategia Nacional de Defensa (END) y el Libro Blanco de Defensa Nacional (LBDN) de Brasil, constituye un documento clave para entender el posicionamiento estratégico del país en un escenario internacional en reconfiguración y con implicacias estructurales para América Latina, tras la implementación de la Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU.

El documento establece las bases conceptuales y operativas para lo que Brasil concibe como su autonomía estratégica en el siglo XXI. Su análisis revela una filosofía de poder profundamente arraigada en la defensa de la soberanía nacional y la construcción de un Poder Nacional multidimensional, que entra en un diálogo tácito —y a menudo divergente— con la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) 2025 de Estados Unidos publicada bajo la administración Trump.

Mientras Washington adopta un enfoque de realismo ofensivo centrado en la contención y la negación de área de un adversario sistémico (China), Brasil articula una postura de realismo defensivo y autónomo, priorizando la consolidación de su entorno estratégico y la negación de influencias extra-regionales que puedan comprometer su capacidad decisional.

Esta comparación no es académica; define el campo de fuerzas en el que Chile debe navegar, donde Brasil se erige no solo como una fuerza motriz de la geopolítica del Cono Sur, sino como una variable de pensamiento estratégico subregional frente a la visión instrumental y de alineamiento exigida por la renovada Doctrina Monroe estadounidense.

1. Caracterización Brasileña del panorama estratégico: Multipolaridad y vulnerabilidades compuestas

Brasil define el escenario internacional contemporáneo desde un prisma de incertidumbre estructural y transición. Reconoce el fin del momento unipolar y el avance hacia un orden multipolar, pero destaca que esta nueva configuración aún no se refleja en las arquitecturas de seguridad global, las cuales permanecen ancladas en 1945. Este desfase genera un déficit de gobernanza y una menor predictibilidad.

El documento identifica amenazas complejas y asimétricas que van más allá del conflicto interestatal tradicional:

  • Competencia estratégica entre grandes potencias: Sus «efectos colaterales» pueden impactar regiones distantes, afectando intereses nacionales.
  • Amenazas transnacionales: Incluye el crimen organizado, los ciberataques y las actividades ilícitas en fronteras.
  • Factores de presión global: El cambio climático es analizado como un «multiplicador de crisis» con implicaciones para la Seguridad Nacional, requiriendo respuestas del Estado que pueden afectar su capacidad de Defensa.
  • Vulnerabilidades de interdependencia: Señala los riesgos de la dependencia externa en cadenas de suministro críticas, tecnología y bienes esenciales, lo que hace imperativo fortalecer la Base Industrial de Defensa (BID) y la autonomía tecnológica.

El entorno estratégico prioritario de Brasil está claramente delimitado: Sudamérica, el espacio aéreo nacional, el Atlántico Sur, los países africanos ribereños del Atlántico Sur y la Antártica. En este espacio, Brasil busca establecer una zona de paz y cooperación, priorizando la revitalización de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZOPACAS) y la integración regional como mecanismos fundamentales de seguridad.

2. Autopercepción geopolítica de Brasil: Potencia continental soberana y actor global moderador

Brasil se autoconcibe como una potencia de dimensión continental cuya defensa es «inseparable del desarrollo del país». Esta visión integrada se materializa en el concepto de Poder Nacional, definido como «la capacidad de la Nación para alcanzar y mantener sus objetivos nacionales», y que se expresa a través de sus dimensiones política, económica, psicosocial, militar y científico-tecnológica.

Su postura se basa en tres pilares identitarios:

  1. Custodio de Bienes Comunes Globales: Ejerce soberanía absoluta sobre activos de relevancia planetaria como la Amazonía y la Amazonía Azul®, asumiendo al mismo tiempo una responsabilidad en su preservación.
  2. Defensor de la Autodeterminación: Guía su acción por principios constitucionales irrenunciables: independencia nacional, no intervención, igualdad entre los Estados, defensa de la paz y solución pacífica de controversias. Rechaza cualquier forma de intervención en asuntos internos.
  3. Constructor de Estabilidad Regional: Se ve a sí mismo como un factor de cohesión y paz en Sudamérica, con una historia que «corrobora esta postura». Su objetivo es contribuir a un entorno estable que permita su desarrollo, mediante una diplomacia de defensa activa y cooperativa.

3. Objetivos políticos de defensa: La arquitectura de la autonomía

Los Objetivos de Defensa Nacional (OND) establecidos en la PND conforman una arquitectura integral para garantizar la autonomía. No se limitan a lo militar, sino que abarcan las condiciones permanentes que el Estado brasileño debe garantizar:

Objetivo (OND)Concepto Clave y Finalidad
I. Soberanía e Integridad TerritorialGarantizar los principios constitucionales frente a actores externos. Preservar el patrimonio y la inviolabilidad del territorio, las Aguas Jurisdiccionales Brasileñas (AJB) y el espacio aéreo.
II. Capacidad de Defensa de las FF.AA.Dotar a las Fuerzas Armadas de los medios para la vigilancia, control y defensa, con adecuación presupuestaria, regularidad y previsibilidad.
III. Desarrollo Tecnológico y ProductivoLograr autonomía tecnológica mediante el fortalecimiento de la Base Industrial de Defensa (BID) y la promoción de la Ciencia, Tecnología e Innovación (CT&I).
IV. Cohesión y Unidad NacionalesPreservar la identidad nacional y garantizar el ejercicio de derechos y deberes constitucionales a todos los ciudadanos.
V. Protección de Intereses en el ExteriorSalvaguardar personas, bienes y recursos brasileños fuera del territorio nacional.
VI. Participación Social en la DefensaAmpliar la conciencia y el debate público para construir una cultura de defensa.
VII. Contribución a la Paz InternacionalParticipar en mecanismos de cooperación y operaciones de paz para promover la estabilidad regional y global.
VIII. Proyección e Inserción InternacionalAmpliar la influencia de Brasil en los procesos de toma de decisión internacional.

4. Estrategia de Implementación: Los pilares del poder nacional

La Estrategia Nacional de Defensa (END) traduce los OND en capacidades y acciones concretas, estructuradas en Estrategias de Defensa (ED) y Acciones Estratégicas de Defensa (AED). Su concepción se basa en un enfoque integrado de los tres pilares —Desarrollo, Diplomacia y Defensa (3D)— y se ejecuta a través de:

  • Fortalecimiento de Capacidades Estatales Críticas: La END define capacidades como la Ciberseguridad, la Movilización Nacional, la Proyección del Poder Nacional y la Resiliencia Nacional (capacidad de absorber, resistir y recuperarse de crisis). El desarrollo de los sectores estratégicos —nuclear, cibernético y espacial— es una AED prioritaria (AED-01).
  • Disuasión por Presencia y Control: La estrategia no busca proyección ofensiva, sino una disuasión basada en una presencia estatal efectiva y un control creíble. Esto se materializa en sistemas como el Sistema Integrado de Monitoreo de Fronteras (SISFRON), el Sistema de Gestión de la Amazonía Azul® (SisGAAz) y el Sistema Brasileño de Defensa Aeroespacial (SISDABRA).
  • Fortalecimiento del Instrumento Militar: Modernización de las Fuerzas Armadas para operaciones conjuntas, combinadas e interinstitucionales, con énfasis en la interoperabilidad. Programas emblemáticos como el de submarinos de propulsión nuclear y el desarrollo del vehículo lanzador de satélites son centrales.
  • Movilización Nacional y Servicio Militar: Se concibe el Servicio Militar obligatorio y voluntario como un instrumento de integración nacional y base para la Movilización Nacional en defensa de la soberanía.

5. Contraste con la ESN de EE.UU.: Soberanía versus alineamiento

La lectura de la ESN 2025 de EE.UU., desde la perspectiva realizada en en interesnacional.org, revela elementos de contraste con el enfoque brasileño, sintetizado en el siguiente esquema:

DimensiónBrasil (PND/END 2025)Estados Unidos (ESN 2025 – Según análisis)
Marco FilosóficoRealismo defensivo y autonomista. Soberanía, no intervención, multipolaridad.Realismo ofensivo y nacionalismo soberanista («America First»). Primacía y competencia entre potencias.
Definición del Reto PrincipalProteger la autonomía estratégica y el entorno estratégico de influencias extra-regionales y vulnerabilidades asimétricas.Contener a un adversario sistémico (China) y reafirmar la primacía estadounidense.
Visión del HemisferioEntorno estratégico de cooperación. Sudamérica como área de integración, paz y desarrollo conjunto (ZOPACAS, UNASUR).Esfera de influencia exclusiva («Corolario Trump» de la Doctrina Monroe). Escenario de competencia con potencias extra-continentales a controlar.
Enfoque de AlianzasCooperación flexible y multidimensional (BRICS, MERCOSUR, etc.) basada en intereses concretos y respeto a la soberanía.Instrumental y transaccional. Política de «Enlist & Expand» para reclutar socios funcionales que asuman cargas («burden-sharing«) en una agenda de contención.
Concepción de la SeguridadIntegral y multidimensional. Incluye defensa tradicional, resiliencia nacional, desarrollo tecnológico y cohesión social.Externa e interna fusionadas. Prioriza amenazas como migración, crimen organizado y competencia estratégica, con tendencia a la militarización de respuestas.
Posición frente al orden InternacionalAboga por su reforma (ej. Consejo de Seguridad de la ONU) para hacerlo más representativo y multipolar.Cuestiona el multilateralismo y las instituciones globales por considerarlos un lastre, privilegiando acuerdos bilaterales y la acción unilateral.

Este contraste alcanza dimensiones estructurales: Brasil busca desarrollar una autonomía dentro de un orden multipolar, mientras que la ESN de EE.UU. busca  consolidar esferas de influencia mediante el disciplinamiento en un marco de competencia sistémica con actores extrarregionales. 

Para Brasil, la presencia de potencias extra-regionales en su entorno estratégico es una amenaza a su soberanía decisional. Para la ESN de EE.UU., la penetración china en América Latina es una amenaza a la seguridad hemisférica que debe ser contenida, incluso presionando a los socios regionales —en lo que el análisis de interesnacional.org definimos como un «campo de batalla silencioso«—en sectores como infraestructura crítica, litio o 5G.

6. Implicancias y oportunidades para el posicionamiento geopolítico de Chile

Ante estos enfoques con aspectos divergentes, el posicionamiento de Chile requiere una navegación de alta precisión basada en intereses nacionales. La política brasileña no presenta solo una oportunidad de alianza militar, sino de convergencia política-estratégica en la defensa de mayores márgenes de capacidad de autonomía decisional sudamericana. 

Chile se constituye geopolíticamente como una nación tricontinental, un Estado medio-menor y marítimo-comercial, con asiento en el pacífico sur y sin pretensiones de expansión territorial.

Esta configuración presenta una geografía vulnerable: carente de profundidad estratégica, de alta exposición de sus centros vitales y alta dependencia de las líneas de comunicación marítima. Bajo esta condición, Chile ha desarrollado una doctrina de defensa activa basada en la disuasión por superioridad operacional, para la protección de sus integridad territorial y una diplomacia de equilibrio entre sus dependencias comerciales con Asia y su inserción al esquema de seguridad norteamericano.

Su posición única, a la vez puente bioceánico y actor de interfaz entre el Cono sur y la Cuenca del Pacífico, además de la ausencia de fronteras y límetes con Brasil, lo convierte en un socio natural para Brasilia en la construcción de una autonomía decisional subregional que trascienda la lógica de bloques y fortalezca la gobernanza de los bienes comunes sudamericanos desde una perspectiva del interés nacional, la soberanía cooperativa y resiliencia estratégica.

  1. Co-liderazgo en la gobernanza de los bienes comunes sudamericanos: Chile puede articular con Brasil una agenda propia sobre la gobernanza de recursos críticos (litio, cobre, agua), conectividad física y digital, y estándares tecnológicos. Frente a la visión instrumental de la ESN de EE.UU., una posición regional concertada es el mejor antídoto para evitar la alineación forzada y el «burden-sharing» desbalanceado.
  2. Cooperación en seguridad frente a amenazas no tradicionales: La coincidencia en identificar amenazas como el crimen organizado transnacional, los desastres naturales y la ciberseguridad abre espacios para cooperación técnica, intercambio de inteligencia y ejercicios conjuntos centrados en la resiliencia regional, no en la agenda de contención de una potencia extra-continental.
  3. Diplomacia de países medianos y multipolaridad: Tanto Chile como Brasil tienen interés en un orden multilateral potenciado. Coordinar posiciones en foros internacionales y actuar como un «dúo diplomático» puede amplificar la voz de Sudamérica y contrarrestar presiones unilaterales.
  4. Diversificación estratégica como respuesta a la presión sistémica: La sólida apuesta brasileña por diversificar sus alianzas (sin por ello adherir a bloques) valida la necesidad chilena de manejar con sofisticación su interdependencia económica y sus vínculos políticos de seguridad. La autonomía brasileña demuestra que es posible —aunque complejo— evitar la trampa de la elección forzada («with us or against us») que plantea la lógica de la ESN estadounidense.

7. Conclusión:

La Política de Defensa Nacional de Brasil 2025 define un curso de acción para navegar un mundo frágil e inestable, priorizando la consolidación de su poder nacional y la defensa de su entorno inmediato frente a cualquier forma de presión sistémica y coerción.

Su contraste con la ESN de EE.UU. 2025 es la diferencia entre construir fortaleza propia y ser reclutado para fortalecer la fortaleza de otro. Para Chile, la lección fundamental es que en un escenario de competencia entre grandes potencias y de presión hemisférica renovada, la opción más viable es el desarrollo de resiliencia estratégica propia y la articulación de una autonomía cooperativa con actores regionales clave, empezando por Brasil.

En este contexto, la política brasileña es un mapa conceptual y una invitación a pensar la seguridad sudamericana desde sus propias categorías, intereses y capacidades, transformando una posición de vulnerabilidad potencial en una de mayor soberanía colectiva. El desafío para la diplomacia y el pensamiento estratégico chileno es calibrar con precisión esta oportunidad histórica.

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